Aceptar todo el rango emocional por Pepa González

 

Aunque en ocasiones se nos haga cuesta arriba, ser capaz de aceptar  las emociones, negativas y positivas, es esencial para nuestro bienestar. La pregunta del millón que seguro te estarás haciendo es:

¿Y cuáles son las estrategias o las mejores herramientas para conseguir aceptar las emociones buenas y las emociones no tan buenas?

Sentir la vida en su totalidad

Experimentar lo agradable, lo desagradable, lo dulce, lo amargo, las luces y penumbras, los gozos y las penas. Desplegar la madurez y la fortaleza interna lleva su tiempo y parte de pérdidas y triunfos, de dudas. La vida es dualidad. Con la experiencia enriquece y hace crecer en sabiduría y madurez. Para comprendernos necesitamos tener experiencias de vida descubriendo fortalezas y debilidades.

No confundir amor con apego

El amor no tiene nada que ver con la dependencia. Dos personas que se aman están juntas porque así lo eligen y se ayudan para seguir siendo libres. No hay ganas de dominar. Sólo libertad y amor profundo. Muchas de las  emociones que merman al individuo surgen debido a nuestras relaciones y apegos. Cuando el amor es de verdad no hay lazos que atan, solo crecimiento y apertura.

Escucha tu voz interior

La voz interior es la que realmente deberíamos escuchar, ese instinto que tanto nos puede guiar. Es una voz tranquila. Si haces silencio en tu cabeza para poder escucharla sentirás que tus pasos tienen camino que recorrer con la seguridad de conocer la vereda. Tenemos tantas voces en la mente que dictan cómo actuar y qué hacer, que suele resultar difícil mirar hacia el fondo y entender quiénes somos realmente. La comprensión de nosotros mismos y lo que deseamos y necesitamos en la vida es crucial para llegar a ser emocionalmente estable.

Nuestra voz interior siempre sabe lo que más nos conviene. Sabe lo que nos proporcionará la felicidad que tanto deseamos.

No temas las emociones negativas

Las emociones son portadoras de mensajes y no tienen porqué conllevar una reacción inmediata perjudicial. La tristeza puede dar profundidad. La felicidad nos proporciona expansión. La tristeza da raíces. La felicidad fructifica en flores. La felicidad es como un árbol que sube hacia el cielo, y la tristeza es como las raíces que descienden al corazón de la tierra. Ambas son necesarios, y cuanto más alto se eleva un árbol, más profundamente se extiende también. Ahí está su equilibrio.

Sin tristeza, no podemos tener felicidad.  Muchos de nosotros intentamos evitar las emociones negativas porque no nos gusta experimentarlas. Pero la verdad es que ignorarlas, ocultarlas o reprimirlas las empeora y con consecuencias perniciosas para nuestro cuerpo y mente.

Para aceptar nuestras emociones, lo mejor es aprender a observarlas sin identificarse con ellas.

Desarrollar la autocompasión, imagina hablarte con cariño como si lo hicieras con alguien a quien quieres mucho, y la comprensión de todo lo que ocurre dentro de nuestra mente y cuerpo, ese es el camino.

Pepa González Díaz
Sigue a Pepa en su blog.

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