La escucha activa – aprender a escuchar

Una actitud imprescindible para el buen comunicador es la escucha activa. Decía Epícteto que teníamos una sola boca y dos orejas para escuchar el doble de lo que hablamos. Consiste en la habilidad de escuchar además de la voz los sentimientos e incluso pensamientos que no se dicen pero que están en la comunicación. Escuchar de la persona que nos habla, por ejemplo, la respiración agitada, el cuerpo tenso, los brazos cruzados. Así que la escucha activa consiste en comprender el conjunto de la comunicación desde la perspectiva del que habla. La escucha es fundamental en las relaciones humanas. Sin escucha no hay comunicación. La escucha activa generará confianza, se minimizan los conflictos, se toman decisiones con más claridad, hay mayor cooperación, se trabaja de forma más eficiente y eficaz. Hay que diferenciar entre oír y escuchar. Oír es un acto pasivo (oyes el ruido de un coche en la autopista, por ejemplo) en cambio escuchar es un acto activo pues tendrás que prestar atención a aquello que estás oyendo (a la letra de una canción en la radio o responder a una llamada).

Pueden darse determinados elementos que impiden tener una escucha activa. Estos son:

* No estar 100% presentes en la atención. La distracción intentando llevar a cabo muchas cosas a un tiempo sitúa a los participantes de la comunicación en posición no adecuada. Si mostramos a la otra persona que le escuchamos pero en realidad pensamos en nuestras propias cuestiones, aunque intentamos escuchar lo que nos dice, no lo hacemos. Estamos más presentes en nuestro propio diálogo que en el mensaje del otro.

* Intentar expresar en primer lugar nuestra forma de ver la situación, centrándonos en aquello que queremos transmitir queriendo imponer nuestro punto de vista.

¿Cómo mejorar la escucha activa?

  • Cero interrupciones.
  • Nada de valoraciones inmediatas sobre lo que nos dice la otra persona confrontando lo que nos dicen.
  • Nada de intervención mediante prejuicios o juicios o emitir consejos.
  • Dejar hablar a los demás.
  • Centrarnos realmente en la escucha evitando cualquier distracción.
  • No anticiparnos a aquello que nos dirán.
  • Prestar atención real al hablante.
  • Mostrar a la persona que habla que estamos en la conversación con gestos visibles: mirada, asentimiento, sonrisa, concentración…
  • Interpretar y entender lo que no dice la otra persona pero forma parte del mensaje.
  • La comprensión y aceptación emocional de la persona que habla.

 

Pepa González Díaz
Sigue a Pepa en su blog.

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